Fe firme

Juan 15.1-7

La fe se fortalece en las dificultades, pues las pruebas nos recuerdan lo dependientes que somos del Señor. Y a medida que confiemos más en Él, nos daremos cuenta de que podemos soportar cualquier cosa.

La clave de una fe sólida es una relación personal con Dios. El Señor Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn 15.5). Al ser salvos, somos injertados en la vid de Cristo, lo que significa que su Espíritu vive y obra en nosotros, y proporciona una conexión constante entre el Padre y sus hijos. Permanecer en el Señor nos ayuda a salir adelante en los tiempos difíciles.

Sin embargo, tenemos que tomar la decisión de usar dicho poder. Tratar de mantener nuestra vida fuera del control de Dios podría interferir con sus planes y hacer que nuestra relación con Él se distancie. Pero cuando nos comprometemos a conocer al Todopoderoso a través de la oración, la meditación en su Palabra y la obediencia, su poder fluye a través de nosotros, como la savia a través de una rama.

Estar cerca del Señor nos ayuda a confiar en Él cuando la vida se vuelve difícil. Cuanto más permanecemos en Él, sobre todo durante los tiempos difíciles, más crecemos para convertirnos en firmes “robles de justicia” (Is 61.3 NVI).